jueves, junio 04, 2009

Afortunado en el juego

Revivo el blog para dejar constancia de que algo inaudito ha sucedido en mi vida: me ha tocado algo. Y me ha tocado por acertar, cual Mago Félix o Pitoniso Pito, el resultado de la final de Champions League entre el Fútbol Club Barcelona y el Manchester United a través de la página Tweetporra, un reciente y novedoso servicio vía Twitter al que me he aficionado desde sus inicios (2-6). ¿La recompensa a tal poder de premonición? Un precioso iPod Shuffle que me acompañará, gracias a su agarre y ligereza, en mis aventuras con la bicicleta estática y los pasos de peatones.

Gracias públicas a Tweetporra; sin duda alguna, el servicio Twitter que mejor ha sabido recompensar mis virtudes.

jueves, febrero 14, 2008

Mi dulce geisha (My Geisha. Jack Cardiff, 1962)


Hay que ver lo que cambian los tiempos. Una película como Mi dulce geisha sería impensable en el correctísimo cine hollywoodiense actual; y lo sería porque la mayor parte de ideas que recorren su argumento se considerarían hoy ofensivas para la mujer, como los antiguos anuncios del coñac Soberano. Y es que la idealización de un concepto tan abominable como el de la geisha japonesa sirve como ejemplo con el que aleccionar a las amas de casa del Primer Mundo. Eso, claro está, desde el punto de vista del hombre occidental, aturdido ante la importancia que la mujer iba adquiriendo en la sociedad de los años 60. Sirva como ilustración este diálogo:
- Los dos pensamos que las mujeres occidentales no superan a las japonesas.
- Es muy amable, pero creo que no es justo.
- No. Las mujeres occidentales pueden aprender de vosotras el cumplimiento de las virtudes caseras.
- Seguro que nosotras también podemos aprender de ellas.
- Cierto. Pero no en el arte de complacer al hombre.

Aún así, se trata de una comedia agradable, siempre y cuando seamos capaces de abstraernos de nuestra realidad actualizada y obviar con la vista gorda los valores desfasados que propugna la pantalla. Eso sí, Shirley MacLaine, caracterización mediante, se encuentra en su salsa.

miércoles, febrero 13, 2008

Mr. Brooks (Bruce A. Evans, 2007)


Kevin Costner interpreta a un empresario de éxito, y ejemplar padre de familia, que siente adicción por el asesinato. Obviamente, esta actividad ilegal e inmoral a todas luces es mantenida en estricto secreto, y sólo comparte su pasión con un personaje imaginario (William Hurt) que motiva constantemente al protagonista a seguir con su pasatiempo favorito.

Mr. Brooks se apunta a la moda imperante de empatizar con el psycho-killer de turno, y lo hace a través de esa textura aséptica tan propia del thriller actual. El resultado final es un film anodino, carente de fuerza, misterio y profundidad, que acaba perdiendo interés cuanto más se acerca a su clímax. Ni el simple hecho de ver a Kevin Costner como asesino en serie, algo trivial pero no carente de morbo, parece suficiente para salvar los muebles en este desaguisado urdido por el director de la olvidada Kuffs, poli por casualidad (1991); no en balde, un film rodado en la época de máximo esplendor de los dos protagonistas de Mr. Brooks.

martes, febrero 12, 2008

La frontera (The Border. Tony Richardson, 1982)

Fallida obra de Tony Richardson, un director aquejado de talento intermitente. Nicholson interpreta a un policía de frontera que debe ocuparse de la entrada ilegal de inmigrantes mejicanos en EE.UU. En su nuevo traslado, conocerá el reverso oscuro de la ley, compañeros corruptos y maltratos a prisioneros incluidos.

El principal problema de la película es que no sabe resolver de forma satisfactoria lo apuntado en una primera hora con varios detalles de potencial interés dramático. Las últimas secuencias, más propias de la edad dorada de Charles Bronson que de la sensibilidad del firmante de La soledad del corredor de fondo (1962), acaban restando muchos puntos a una cinta que pudo ser notable y no supo ser convincente.

domingo, febrero 03, 2008

Cinefagia

The Magus (Guy Green, 1968)

Hay películas que soportan muy mal el paso del tiempo por estar ancladas en modas y momentos. Éste que me ocupa podría ser un caso muy ilustrativo de ello. Ambientada en una isla griega, The Magus narra los encuentros de un profesor con un curioso personaje, aparentemente un mago -de ahí el título de la película-, que somete al protagonista a diferentes pruebas y engaños. El problema de base es que las soluciones narrativas que hilvanan la historia han quedado desfasadas y huérfanas de todo factor sorpresa, y sólo se entienden si nos atenemos a un contexto histórico concreto, el final del hippismo y el reverso oscuro del uso de drogas como disipadoras de la conciencia y llave para nuevos mundos -recordemos que, un año más tarde, Charles Manson y su Familia firmarían el epílogo de la era hippy con una masacre en la mansión de Roman Polanski-. Aquí la visión alterada de la realidad no es amable, como pregonaba el flower power, sino que extrae del pasado los recuerdos más dolorosos para enfrentarlos con los demonios personales del protagonista. La lástima es que la narración se resiente de unos giros y artificios ya obsoletos que, más que crear inquietud e interés en el espectador, pueden impulsarlo fuera del contexto marcado hasta llegar al tedio.

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford. Andrew Dominik, 2007)

Un compañero de DivXClásico me la recomendó asegurándome que podría encajar en la filmografía de Terrence Malick. Puesto que el director de Días del cielo (1978) es una de mis mayores debilidades, me decidí a darle una oportunidad a esta película que tan buenas críticas había generado en 2007. Ciertamente, hay muchas semblanzas entre el estilo del realizador tejano y el usado en El asesinato..., como un tempo narrativo lánguido y una cuidada puesta en escena siempre a la búsqueda del plano más bello, pero a mi entender, y aún resultando una experiencia cinematográfica estimulante dentro del panorama contemporáneo, Andrew Dominik -antes realizador de Chopper (2000), una película que no he visto pero que no parece encajar con el libro de estilo mostrado en su segundo film- carece, de momento, de la habilidad necesaria para fundir belleza y narración como ejemplifican obras maestras del calado de Malas tierras (1973) o La delgada línea roja (1998). Aún así, y pese a evocar la figura de Malick en un juego comparativo de la que no sale favorecida, la película tiene motivos sobrados para alzarse por encima de la media en el cine actual.

El asesinato... narra los últimos días del famoso bandido Jesse James (Brad Pitt), que acabaría muerto a traición por uno de los hombres de su banda, el joven Robert Ford (un Casey Affleck estupendo). Destacan momentos brillantes como la escena de la llegada del tren a asaltar o esos arrebatos violentos que van dejando cada vez más solo al protagonista, quien en un ataque de consciencia y pudor acepta su muerte de una forma poco consecuente con el mito que había creado. Como molesto punto negativo, una voz en off que narra y acentúa los interludios entre secuencias, y que no hace más que recalcar lo visto y reconducir los pensamientos del espectador, amortiguando el efecto ensoñador de unas imágenes y una banda sonora que restan en los sentidos después de dos horas y media de metraje.

Adiós, pequeña, adiós (Gone Baby Gone. Ben Affleck, 2007)

Magnífico debut en la dirección del actor Ben Affleck, que escoge una obra de Dennis Lehane (autor de la novela Mystic River, llevada magistralmente al cine por Clint Eastwood en 2003) para iniciar su carrera detrás de las cámaras. La película tuvo su momento de gloria mediática cuando coincidió en su estreno con el auge informativo sobre la desaparición de la niña Madeleine McCann, historia con la que comparte un similar punto de partida.

Una niña de 4 años es raptada en su propia casa, ubicada en uno de los barrios más pobres de Boston. Ante la dificultad del caso y los torpes avances de la policía, la tía de la pequeña contrata a una joven pareja de detectives de la zona. A partir de entonces, la historia se adentrará en las complejidades de una situación anómala que provocará diferentes relecturas, tanto a nivel de procedimientos deductivos como en cuanto a valores éticos y morales, implicando directamente al espectador en su sórdido retrato de la white trash americana. El estilo de Affleck como director es sobrio, muy alejado de la tendencia exhibicionista del actual thriller norte-americano, y acaba ganándose por méritos propios un lugar entre los realizadores, debutantes o no, a quienes habrá que seguir el rastro en los próximos años.

The Dark Eyes of London (Walter Summers, 1940)

Cinta de serie B basada en una novela del británico Edgar Wallace, uno de los creadores del thriller literario moderno. En ella, una serie de personas aparecen ahogadas en las cloacas de Londres; todas ellas, además, presentan la coincidencia de haber sido aseguradas por una cuantiosa suma de dinero. Todas las pesquisas conducen a una agencia de seguros dirigida por el Dr. Orloff (un sobreactuado Bela Lugosi), quien tendrá como segundo oficio el encargarse de una asociación de ciegos indigentes, a la que usa a su antojo y con fines no muy benéficos. Que conste que no estoy desvelando nada que os chafe la película, ya que he resumido la historia de los primeros quince minutos de trama.

The Dark Eyes of London resulta interesante por su plasmación del método policial, algo implícito en las obras de Wallace. La investigación de los crímenes responde a procedimientos profesionales, donde intervienen diferentes estratos de la organización policial (desde el detective de a pie hasta el científico de probeta), alejándose así de la concepción del investigador inductivo que resuelve por sí mismo el enigma más complejo.

La princesa prometida (The Princess Bride. Rob Reiner, 1987)

Pese a que pueda parecer increíble, debido a mi edad y a esa reputación de 'ochentero' que me antecede en algún que otro foro de internet, nunca había visto entera La princesa prometida. Había pillado alguna escena suelta en los muchos pases televisivos que ha tenido, es cierto, pero nunca me había sentado a verla con detenimiento, seguramente por razones diversas y alejadas del interés que me podía suscitar. Esta semana, más de 20 años después de su estreno, he podido verla entera y de forma secuencial. Y tengo la sensación de que he osado adentrarme en esta historia de cuento de hadas demasiado tarde, con el arroz ya pasado.

Aunque no hay que negarle cierto encanto, gracias a esa ligera y amable caricatura de los cuentos clásicos (bastante más sutil que la descarada parodia de Shrek y sus secuelas) a partir de personajes prototipo de una sola cara y diálogos ingeniosos, La princesa prometida se me antoja desprovista de la fascinación que en algún momento debía haber ejercido sobre mí. Seguramente perdí en su momento una buena oportunidad de apuntarme una nueva película entre mis (p)referencias de niñez, como todas aquéllas que hoy no reviso por miedo a caer en el desencanto.

Como curiosidad, os dejo una comparativa entre el aspecto de los protagonistas en 1987 y el de 20 años después.

Si alguien se siente atraído por alguna de las películas que comento pero le es imposible acceder a ellas, puede ponerse en contacto conmigo enviándome un e-mail a: morrissey21@gmail.com. No tendré problema alguno en facilitarle los enlaces correspondientes.

jueves, enero 31, 2008

Lost. 4ª temporada

Hoy empieza la nueva temporada, la cuarta ya, de Lost (Perdidos). Las expectativas son altas, sobre todo teniendo en cuenta factores intrínsecos, como la acumulación de misterios por minuto y la inquietud ante una resolución que esté a la altura de lo sugerido; y los molestos agentes externos, como la larguísima espera de ocho meses, la replanificación a tres temporadas más cuando sólo debían rodarse otras dos o la huelga de guionistas que deja en 8 de 16 los capítulos rodados para esta nueva tanda. Poco importa todo inconveniente pasado, la isla más misteriosa de la era televisiva vuelve a abrir sus puertas -y nunca mejor dicho, ateniéndonos al final de la tercera temporada- a todo aquel dispuesto a dejarse subyugar por los recovecos de su puzzle juguetón.

El suministro de enlaces, a partir de mañana y por los cauces habituales.

sábado, enero 26, 2008

Cinefagia

Es bien sabido que la facilidad de abastecimiento multimedia que otorga el P2P nos condena a almacenar archivos, ya sea en ardientes discos duros o en quemados DVDs, a la espera de ser degustados en un futuro indeterminado. Seguramente guiado por la falsa ilusión de ir acortando esa lista de espera, desde hace unos años me tengo impuesta una agradable condena que me obliga a ver una película después de cenar. No hace falta decir que ese ritmo de visionado es insuficiente, pero al menos me permite llevar un control ficticio de mi inacabable videoteca. La única condición con que las veo es la de seguir un orden: el cronológico en cuanto a fecha de inmortalización en DVD, lo que hace que hoy vea películas almacenadas en estuches hace más de un año; sólo hago excepciones con las pocas películas de estreno que me pueden llegar a interesar. Gracias a ello, y a no hacer discriminación alguna a no ser que las prestaciones técnicas del archivo sean incompatibles con mis aparatos reproductores, he descubierto auténticas maravillas y he desvelado soberanos fraudes. Puesto que no me gustaría que esas experiencias quedasen en el olvido, y aprovechando la ocasión para revivir este olvidado blog, me obligaré cada domingo a escribir pequeñas reseñas sobre las películas que vi durante la semana. Veremos si a alguien le supone un provecho esta inabastable, aunque ordenada, cinefagia mía.

Fruto Dorado (Boom Town. Jack Conway, 1940)

Hubo un tiempo en que a Hollywood le encantaba narrar historias sobre los llamados pioneros de la nación, que no eran otra cosa que aquellos hombres que o bien conquistaron tierras (de ahí nacería el western) o bien emprendieron algún negocio que acabó siendo fundamental en la economía y estilo americanos. Fruto dorado es la historia de dos personajes, ficticios pero perfectamente extrapolables a la historia de los EE.UU., que de la nada construyen un imperio petrolífero. Como no podía ser de otra forma, al principio todo son problemas, e incluso pasan por más de un altibajo que conecta a ambos amigos como vasos conductores (si a uno le va bien, al otro no). Esta historia, narrada tal cual, sólo podía interesar a cierta parte del público, por lo que se añade el elemento femenino perturbador; como veis, la fórmula ha durado décadas. Cuesta creer que dos tipos atractivos como Clark Gable y Spencer Tracy se enamoren de un cayo como Claudette Colbert, pero es precisamente ésta la que provoca la primera disputa entre los amigos, que se alargará en el tiempo y será clave para calibrar el orgullo de los protagonistas durante el resto del metraje. Más adelante aparece el segundo elemento perturbador, femenino nuevamente, bajo la atrayente figura de Hedy Lamarr, pero, al ser un personaje de actitud libertina dentro de una historia de profundos valores morales, no merecerá compasión por parte de nadie, empezando por los guionistas.

Rendition (Gavin Hood, 2007)

Un ingeniero químico, de origen egipcio pero residente en EE.UU. desde hace 20 años, es detenido en el aeropuerto antes de volver a casa, donde le esperaba su mujer, sufridora a partir de entonces y además embarazada, que da más pena. Mientras lo recluyen vete a saber dónde, la unidad antiterrorista egipcia interroga de forma poco humanitaria al pobre hombre, acusado de ayudar con sus conocimientos a la confección de bombas terroristas. A estas vejaciones asiste un joven agente de la CIA, que si bien al principio se siente repelido por los métodos de interrogación, progresivamente irá endureciendo su carácter pero no demasiado, que hay que empatizar con el espectador.

Aunque el material de partida es interesante, la cobarde y anodina dirección de Gavin Hood convierte la película en una cinta cargada de intenciones que no dan un paso adelante, provocando en el espectador una frustración creciente. Ahora que el cine americano fija su mirada en el conflicto entre Occidente y Oriente Próximo, mientras los noticieros se rellenan de información en tiempo real, hacen falta más agallas y destreza para contar una historia sobre gobiernos sin escrúpulos y madres sufridoras.

La película aún no se ha estrenado en España, ni falta que hace, aunque la popularidad de sus protagonistas (Reese Witherspoon, Jake Gyllenhaal, Meryl Streep) hará que la veamos por nuestras salas en cualquier momento.

The Black Hole (Gary Nelson, 1979)

Curiosa cinta de la Disney surgida a rebufo del éxito desproporcionado de La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977). La tripulación de una nave espacial se topa con un agujero negro frente al cual parece estacionada una antigua nave de exploración que se suponía perdida. La película conjuga, con resultados desiguales, diversas tendencias dentro del género de la ciencia-ficción espacial: la moda imperante de los robots serviciales (Vincent está descaradamente inspirado en el celebérrimo R2-D2), la saga televisiva Star Trek, las películas con científico loco o, incluso, la metafísica impuesta por Arthur C. Clarke y Stanely Kubrick en la seminal 2001: Una odisea del espacio (1968). Todo ello crea un cóctel donde se diferencian demasiado bien los sabores como para sacar de ello una receta original, consistente y resultona. Quizá por eso sea hoy una película semi-desconocida incluso para los amantes del género.


La barrera invisible (Gentleman's Agreement. Elia Kazan, 1947)


Un escritor es contratado por un periódico progresista para llevar una serie de artículos sobre el antisemitismo. Con tal de darle un enfoque diferente al tema, fingirá ser judío, incluso engañando a sus propios compañeros de trabajo, para así poder experimentar en carne propia las reacciones de los demás ante su condición semita y poder escribir los artículos con mayor conocimiento de causa. Esto provocará no sólo la aparición de situaciones desconocidas para él sino también el inicio de una actitud paranoica que le llevará a desconfiar más de lo necesario.

Notable película de Kazan sobre los prejuicios raciales y cómo éstos impregnan incluso a quien hace alarde de tolerancia, mientras generan rencor en quienes los padecen. Sólo un final ingenuo, sobre todo visto 60 años más tarde, acaba restando algo de impacto a la rotundidad de su mensaje.

3:10 to Yuma (James Mangold, 2007)

Reconozco que no he visto el original firmado por Delmer Daves en 1957, El tren de las 3:10, pero esta película de James Mangold parece no sacar todo el provecho posible del material que maneja. Aunque trata con respeto los fundamentos del western crepuscular, carece de la intensidad necesaria para trascender la anécdota del remake más o menos logrado. A ello contribuyen unos personajes entre lo intencionadamente patético (un Christian Bale adicto a los personajes sufridores) y lo toscamente definidos (Russell Crowe o el malo que no sabes por dónde pillar). Pese a una puesta en escena de lo más convincente, Mangold fuerza situaciones que en alguna ocasión rozan el ridículo -la secuencia final es el mejor ejemplo de ello-, lo que no acaba evitando que se trate de un film agradable y un remake innecesario.

La película aún se encuentra pendiente de estreno en España.